A veces, salvar la vida de un bebé no requiere tecnología avanzada ni grandes presupuestos. Basta con piel, calor y contacto humano. Así nació en Colombia el método Madre Canguro, una práctica que ha reducido drásticamente la mortalidad infantil y que hoy se aplica en más de 30 países.
El origen de un método que cambió vidas
En 1978, los doctores Edgar Rey y Héctor Martínez, enfrentando la alta mortalidad de bebés prematuros en Bogotá, se inspiraron en los marsupiales. La idea: colocar al bebé sobre el pecho desnudo del padre o la madre, cubierto por una manta. Lo que parecía un gesto de amor se convirtió, gracias a un protocolo médico, en una herramienta terapéutica estándar.
La ciencia del contacto
La piel, nuestro órgano más grande, está cubierta de receptores que detectan temperatura, presión y vibración. Entre ellos, los receptores CT son especialistas en captar caricias suaves a temperatura corporal. Cuando se activan, desencadenan cambios hormonales: aumenta la oxitocina, baja el cortisol, sube la serotonina y la dopamina. El resultado: calma, vínculo emocional y mejor autorregulación.
¿Sirve cualquier tipo de contacto?
Estudios muestran que no. Robots o peluches pueden aportar cierto consuelo, pero el contacto humano real activa redes cerebrales más profundas, relacionadas con la empatía, el apego y la regulación emocional. La intención y la repetición son clave: el tacto afectivo es distinto al contacto pasivo.
Evidencia en bebés prematuros
Investigaciones de la Fundación Canguro confirman que los prematuros con contacto piel con piel regular:
- Regulan mejor su temperatura.
- Ganan más peso.
- Son menos sensibles al estrés.
- Muestran un mayor desarrollo del hipocampo, clave en memoria y emociones.
Más allá de la medicina: ciencia y espiritualidad
Un abrazo sincero es también un acto espiritual: dice “estoy contigo” sin palabras. El contacto físico conecta sistemas nervioso, límbico e inmune, y nos recuerda que somos seres sociales, diseñados para tocarnos, cuidarnos y calmarnos mutuamente.
En un mundo hiperconectado pero físicamente distante, el método Madre Canguro nos recuerda algo simple y poderoso: el contacto humano es medicina. Y a veces, la vida se salva con un gesto tan natural como poner a un bebé sobre tu pecho.
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