En los últimos años, el gluten ha pasado de ser un ingrediente común en pan y pasta a convertirse en un enemigo mediático. Se le acusa de causar inflamación, dolor de cabeza y fatiga… pero, ¿realmente es así para todos?
Qué es el gluten y por qué existe
El gluten es una red de proteínas (gliadinas y glutelinas) presente en trigo, cebada y centeno. Su función original es servir como reserva de nutrientes para la semilla.
Su estructura rica en prolinas y glutaminas lo hace difícil de digerir, algo que en la mayoría de personas no genera problemas… pero en otras, sí.
Cuando el gluten es un problema real
- Enfermedad celíaca: reacción autoinmune que daña el intestino y provoca mala absorción de nutrientes.
- Sensibilidad al gluten no celíaca: síntomas digestivos y fatiga sin ser celíaco ni alérgico al trigo.
En estos casos, eliminar el gluten es fundamental.
El verdadero sospechoso: los FODMAPs
Muchas personas mejoran al retirar el gluten, pero no porque este sea el culpable, sino porque eliminan FODMAPs (carbohidratos fermentables presentes en el trigo) que causan gases, hinchazón y diarrea en personas sensibles.
¿Y en personas sanas?
La evidencia actual indica que, en personas sin patologías, el gluten no provoca inflamación significativa. El problema muchas veces está en el exceso de ultraprocesados, no en el gluten en sí.
Antes de culpar al pan, revisa tu dieta y tus hábitos. Eliminar alimentos sin motivo puede empobrecer la alimentación y encarecerla. Escucha a tu cuerpo, busca asesoramiento y recuerda: no se trata solo de lo que quitas, sino de lo que cultivas.
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