Cada año producimos 400 millones de toneladas de plástico. Para que lo imagines mejor: con todo ese plástico podríamos construir 154 pirámides de Guiza. Y lo más preocupante es que gran parte de este material no desaparece, sino que se fragmenta en trozos diminutos llamados microplásticos, que ya forman parte de mares, ríos, aire, tierra… y de nuestro propio cuerpo.
¿Qué son los microplásticos y de dónde vienen?
La Comisión Europea define los microplásticos como partículas de menos de 5 mm de grosor. Algunos son visibles, otros invisibles. Su origen es variado:
- Ropa sintética: por cada 6 kg de ropa que lavamos, se liberan hasta 700.000 fibras al agua.
- Neumáticos: cada persona libera alrededor de 1 kg de microplásticos al año solo por el desgaste de las ruedas.
- Plásticos fragmentados: botellas, bolsas o envases que se degradan lentamente por el sol y el roce.
De hecho, el 94% de la gran mancha de basura del Pacífico está formada por microplásticos.
Buen provecho: cómo entra en nuestro cuerpo
Los plásticos que liberamos acaban entrando en nosotros por varias vías:
- Agua potable y sal: en Europa se han encontrado hasta 466 partículas de plástico por kilo de sal.
- Mariscos y peces: filtradores como los mejillones acumulan gran cantidad de microplásticos.
- Aire: respiramos partículas plásticas presentes en el polvo y en la lluvia.
En resumen: cada semana podríamos estar ingiriendo el equivalente a una tarjeta de crédito en plástico, según las estimaciones más pesimistas.
¿Nos hace daño? La ciencia responde
Los efectos aún se están investigando, pero ya existen señales claras de alarma:
- Estudios en animales muestran mayor estrés oxidativo y tejidos envejecidos al tener microplásticos en su organismo.
- En humanos, se han encontrado nanoplásticos en el corazón vinculados a mayor riesgo de ictus e infartos.
- También se han detectado plásticos en la sangre, pulmones y placenta humana.
La evidencia aún es joven, pero cada hallazgo refuerza la idea de que el plástico no es inocuo.
¿Qué podemos hacer a nivel individual?
Aunque la magnitud del problema es global, nuestras decisiones también cuentan:
- Beber agua del grifo filtrada (osmosis inversa reduce hasta el 90% de microplásticos).
- Evitar calentar comida en táperes de plástico. Mejor cristal, acero o porcelana.
- Sustituir bolsas de té con plástico por hojas sueltas o filtros metálicos.
- Comprar ropa de fibras naturales.
- Reducir el consumo de mariscos filtradores.
Proyectos y leyes que nos dan esperanza
No todo son malas noticias. Gobiernos, empresas y ciudadanos están impulsando soluciones:
- The Ocean Cleanup Project: quiere retirar el 90% del plástico de los océanos para 2040 y ya ha eliminado millones de fragmentos.
- Mr. Trash Wheel: dispositivos que recogen hasta 500 toneladas de basura al año en ríos.
- Gran Burbuja de Ámsterdam: una cortina de burbujas que desvía el 86% del plástico hacia sistemas de recogida.
- Leyes internacionales: la UE prohibió en 2023 añadir microplásticos a productos, España ha creado impuestos al plástico no reciclable e India ha prohibido el plástico de un solo uso en regiones sensibles.
El plástico ha marcado nuestra era, pero también amenaza nuestra salud y la del planeta. Aunque aún no sepamos todos los efectos que tiene en nuestro cuerpo, la ciencia ya nos advierte de riesgos claros. La solución no pasa solo por gobiernos y empresas: cada acción individual suma.
La pregunta es: ¿seremos capaces de transformar nuestra relación con el plástico antes de que sea demasiado tarde?
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