Ayer tuve la oportunidad de visitar Fibwi TV, en el programa presentado por Joan Monse, para hablar de un tema que afecta a millones de personas en todo el mundo: la estafa de los suplementos nutricionales.
El mercado de los suplementos mueve miles de millones de euros al año y se ha convertido en una de las industrias más rentables del planeta. Pero… ¿realmente necesitamos todos esos productos que nos venden como milagrosos?

¿Por qué hablamos de “estafa”?
La mayoría de los suplementos que se promocionan como esenciales para la salud no tienen evidencia científica sólida que respalde sus beneficios. En muchos casos:
- Su efecto real es mínimo o inexistente.
- Están mal regulados y pueden venderse sin pasar los mismos controles que los medicamentos.
- Algunos llegan a ser incluso perjudiciales para la salud si se consumen en exceso.
Como expliqué en el programa, muchos suplementos terminan siendo “la orina más cara del mundo”: tu cuerpo elimina lo que no necesita y tu bolsillo es el único que se vacía.
Lo que sí funciona (y lo que no)
No todos los suplementos son inútiles. Algunos, como la vitamina D en personas con déficit diagnosticado o el hierro en casos de anemia, sí tienen una base médica clara.
El problema aparece cuando la industria nos hace creer que todo el mundo necesita pastillas y polvos para estar sano, cuando en realidad lo más importante sigue siendo lo básico:
- Una buena alimentación variada y equilibrada.
- Ejercicio físico regular.
- Sueño reparador.
- Gestión del estrés.
El papel de la divulgación científica
Mi misión como divulgador en espacios como Fibwi es justamente separar la ciencia de la publicidad, dar herramientas claras para que las personas no caigan en engaños y recordar que la salud no se compra en un bote.
Fue un placer charlar con Joan Monse sobre este tema y desmontar algunos de los mitos más comunes. La respuesta de la audiencia demuestra que es una conversación que hacía falta tener en abierto.
Podéis verlo completo en:
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