¿La fe puede alargar la vida? El neurocientífico y bioquímico Albert Xamena analiza los estudios científicos de Harvard, Israel y el Tíbet que demuestran cómo la práctica espiritual mejora la salud mental, física y emocional, ayudándote a vivir más y mejor.
La fe no solo mueve montañas, también alarga la vida
Durante siglos, la religión ha prometido la vida eterna después de la muerte. Pero hoy, la ciencia empieza a confirmar algo igual de poderoso: seguir a Dios —o cualquier camino espiritual— puede ayudarte a vivir más y vivir mejor.
Soy Albert Xamena, bioquímico y neurocientífico, y mi misión es acercar la ciencia y la espiritualidad para demostrar que están mucho más cerca de lo que imaginamos.
En este vídeo analizo lo que dice la ciencia sobre la fe, la salud y la longevidad.
Harvard y el poder de creer: el estudio que lo cambió todo
En 1996, la profesora Shan Shan Lee, de la Universidad de Harvard, se hizo una pregunta revolucionaria:
“¿La gente religiosa vive más?”
Durante 16 años, siguió a 74.534 mujeres estadounidenses. En 2016, los resultados fueron sorprendentes:
las mujeres que asistían a servicios religiosos más de una vez por semana tenían tres veces menos riesgo de morir que las que no lo hacían.
A la vez, la doctora Jin Chen amplió el estudio a más de 66.000 hombres y mujeres y encontró que las personas practicantes también tenían mejor salud mental, menos depresión, menos ansiedad y mayor integración social.
La fe también protege a quienes te rodean
En Bnei Brak (Israel), una comunidad ultraortodoxa judía (jaredí) tiene una esperanza de vida entre 1,5 y 3 veces superior a lo esperado por su nivel económico.
Y en el Tíbet, científicos descubrieron en 2025 que los ancianos con un monje budista viviendo en casa tenían un 69 % menos de riesgo de morir.
La fe no solo te protege a ti, sino también a quienes te rodean.
¿Por qué ocurre esto? La ciencia detrás de la espiritualidad
Según los estudios, las personas con una vida espiritual activa:
- Tienen hábitos más saludables: fuman y beben menos, siguen dietas equilibradas (muchas veces vegetarianas).
- Mantienen redes sociales sólidas, reduciendo el aislamiento y la soledad.
- Encuentran propósito y sentido vital, lo que fortalece la resiliencia emocional.
- Tienen niveles más estables de dopamina y cortisol, reduciendo el estrés y favoreciendo la longevidad.
La fe actúa como un regulador biológico y psicológico, promoviendo un equilibrio interno que repercute directamente en la salud.
Propósito: el secreto compartido de los que viven más
Los lugares del mundo donde la gente vive más —las llamadas Zonas Azules— comparten un mismo patrón: todas las personas tienen un propósito de vida claro.
En las religiones, ese propósito se encuentra naturalmente en la fe. Pero incluso si eres ateo o agnóstico, puedes descubrir el tuyo a través de métodos como el Ikigai, un concepto japonés que ayuda a encontrar el sentido de la existencia.
Yo mismo viajé a la India para descubrir el mío, y fue esa búsqueda la que me llevó a crear Ciencia & Espiritualidad.
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