En los últimos años, cientos de influencers han repetido una y otra vez que necesitas un “ayuno dopamínico”.
Te prometen claridad mental, felicidad y una especie de “reset” cerebral.
Pero… ¿qué hay realmente detrás de esa palabra tan de moda?
¿La dopamina es peligrosa? ¿O el problema está en otra parte?
En este artículo te explico, desde la neurociencia, qué ocurre en tu mente cuando usas pantallas de forma excesiva, qué es lo que realmente se “desajusta” y por qué esto puede conducirte a un estado emocional muy preocupante si no lo frenas a tiempo.
Este texto forma parte de la trilogía dedicada a los efectos de las pantallas sobre el cerebro, la mente y el bienestar.
Un estudio que puso a los científicos nerviosos
Hace solo un par de años, un artículo publicado en Nature analizó a 4.000 personas durante un año.
El resultado fue claro:
las personas que pasaban más horas frente a pantallas terminaban mostrando más síntomas de TDAH:
- Dificultades para mantener la atención
- Impulsividad
- Menor tolerancia a estímulos lentos o actividades sin recompensa inmediata
¿Por qué ocurre esto?
Porque las pantallas funcionan con refuerzos instantáneos: likes, notificaciones, puntos, sonidos, cambios rápidos de estímulo.
Todo ello dispara el sistema dopaminérgico mesolímbico, el circuito cerebral que nos empuja a buscar gratificaciones.
El problema es que ese circuito no está diseñado para funcionar sin descanso.
Cuando hay demasiada dopamina: empieza la tolerancia
A corto plazo, los estímulos rápidos de las pantallas generan placer, motivación y anticipación.
Pero cuando el cerebro recibe dopamina demasiado a menudo, activa un mecanismo de defensa llamado tolerancia:
- Reduce el número de receptores de dopamina.
- Vuelve menos sensibles los receptores que quedan.
Es lo mismo que ocurre con las drogas:
para sentir lo mismo, necesitas cada vez más estímulo.
Y aquí aparece el gran problema de la era digital:
lo normal deja de ser suficiente.
Las conversaciones lentas, leer, estudiar, cocinar, incluso estar con alguien…
todo te parece menos estimulante.
La amortiguación hedónica: cuando ya no sientes nada
Cuando la tolerancia dopaminérgica avanza, ocurre algo serio:
entra en escena la amortiguación hedónica, conocida clínicamente como anhedonia.
👉 Anhedonia = incapacidad de sentir placer.
Las cosas que antes te motivaban dejan de hacerlo.
La vida se vuelve gris, plana, sin energía.
Y este estado no es solamente desagradable: es un camino directo hacia la depresión mayor.
No ocurre de un día para otro.
Pero es una ruta que cientos de miles de personas están recorriendo sin saberlo.
El ciclo mortal: “uso el móvil para relajarme… pero me estresa más”
Aquí llega la parte más irónica —y peligrosa— de todo esto:
Cuando estamos estresados, cansados o colapsados…
nuestro cerebro nos empuja a coger el móvil para “relajarnos”.
Pero eso es una señal falsa.
Mientras estás haciendo scroll, suceden estas tres cosas:
- Tu sistema nervioso simpático (modo alerta) se activa aún más.
- Aumenta el cortisol, la hormona del estrés.
- Tu cerebro asocia “malestar → móvil” y refuerza el hábito.
El resultado:
cuanto peor te sientes, más buscas el móvil… y más te estresa.
Un bucle perfecto. Un círculo vicioso.
El “ciclo mortal”.
Esto afecta a:
- tu sueño,
- tus relaciones,
- tu capacidad de concentrarte,
- tu regulación emocional,
- y tu motivación interna.
Y sí, tus hijos (y tú) podéis estar atrapados sin daros cuenta.
¿Se puede salir de este ciclo?
Claro que sí.
Tu cerebro es plástico, cambia y se recupera cuando le das lo que necesita.
De hecho, el tercer capítulo de esta trilogía va precisamente sobre soluciones:
cómo romper el ciclo, cómo restaurar tu equilibrio dopaminérgico y cómo recuperar tu capacidad de disfrutar.
Pero por ahora, quédate con esto:
👉 No estás roto. Estás desregulado. Y eso tiene solución.
La dopamina no es tu enemiga.
Lo que te está dañando no es ella, sino su sobrestimulación constante a través de pantallas diseñadas para mantenerte atrapado.
Un cerebro que recibe demasiada dopamina artificial deja de disfrutar de la vida real.
Un cerebro que aprende a equilibrarla vuelve a sentir, vuelve a motivarse y vuelve a recuperar claridad.
Todo el mundo puede encontrar el equilibrio otra vez.
Y, con información y práctica, tú también.
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