Cuando hablamos de defensas, solemos pensar que el sistema inmune debe activarse o fortalecerse al máximo. Sin embargo, desde la inmunología moderna sabemos que este enfoque es erróneo. Un sistema inmune hiperactivo puede generar inflamación innecesaria y daño colateral. El verdadero objetivo es la regulación inmunitaria, es decir, que las defensas respondan con precisión y equilibrio ante cada situación.
La microbiota intestinal como órgano clave de la inmunidad
El intestino es el mayor órgano inmunológico del cuerpo y la microbiota intestinal cumple una función esencial en el entrenamiento de las defensas. Las bacterias beneficiosas ayudan al sistema inmune a distinguir entre amenazas reales y falsas alarmas, favoreciendo respuestas más tolerantes y eficientes. Por eso, lo que comemos y cómo cuidamos nuestra microbiota influye directamente en nuestra salud inmunológica.
Qué son los probióticos y por qué el kéfir destaca
Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, aportan beneficios para la salud. No basta con que un alimento contenga bacterias: estas deben sobrevivir al tránsito digestivo y generar un efecto demostrado. Entre los probióticos naturales con mayor respaldo científico destaca el kéfir, un alimento fermentado complejo que combina bacterias y levaduras en simbiosis, produciendo compuestos bioactivos que favorecen la homeostasis del sistema inmune.
Cómo actúan los probióticos y cuándo usarlos con cautela
Los probióticos regulan las defensas mediante varios mecanismos: producción de exopolisacáridos, generación de péptidos bioactivos, acidificación del entorno intestinal y comunicación con el tejido inmunitario del intestino (GALT). Sin embargo, no son una solución milagro ni válida para todo el mundo. La dosis, la constancia, el contexto fisiológico y el nivel de estrés son determinantes. Un sistema inmune regulado responde mejor a las señales beneficiosas; sin regulación interna, ningún probiótico puede hacer su trabajo.
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